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Depilarse, una costumbre arraigada

La costumbre de depilarse (y hablamos de «costumbre» y no de «moda») existe en casi todo el mundo, desde los países hispanoamericanos hasta los países árabes. Es además una práctica antiquísima pues en Egipto ya se hacía y también se encuentran referencias sobre el tema en el Corán. No vamos a decir que el quitarse el exceso de vello sea un gesto para diferenciarse del mono… pero si es una demostración de buen gusto, ¿a quién le gustaría ver a la persona de nuestra fotografía tomando el sol sin haberse depilado?

Las maneras menos profundas de «atacar» el vello son: Cortar con tijera, chamuscarlo con una llama, emplear un abrasivo, rasurarlo con máquina eléctrica o con cuchilla, truncarlo con líquidos o cremas. Estos métodos producen un corte a la altura de la superficie de la piel. Siguen las depilaciones de cera fría, cera caliente y pinza manual que seccionan el pelo unos milímetros más abajo de la superficie de la piel. Los resultados de estas depilaciones pueden ser mejorados aplicando un depilatorio progresivo al terminar la sesión. Por último, hablemos de los sistemas de eficacia más radical: la aguja eléctrica, la pinza de onda corta, y otro moderno, el láser; estos métodos que llegan a destruir las células blandas del pelo (lo que se conoce por «raíz»).

De un modo un tanto simplificado la vida de un pelo es la siguiente: su «semilla» está en una papila (junto con muchas otras), la papila se acerca al folículo piloso, deposita allí unas células blancas que se irán queratinizando o sea convirtiéndose en pelo. Poco a poco éste crecerá, aflorará por encima de la piel y, transcurrido un tiempo (muy variable), morirá dejando paso a otro pelo que en la mayoría de los casos ya está «madurando» en el fondo del folículo.

¿Depilarse para diferenciarnos de los monos?

La frecuencia de esta renovación, la cantidad de pelos, las diferentes zonas pobladas, el grueso y el color del vello son las variantes que nos permiten calificar a una distribución del sistema piloso. Aunque la normalidad en este tema no está bien definida por la variedad de factores que influyen. Algunos de estos factores son, la herencia, las disfunciones hormonales, algunas medicaciones, ciertos alimentos, las alteraciones del sistema nervioso, y la aplicación de depilaciones inadecuadas.

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Dejaremos de lado los métodos que cortan el pelo al nivel de la piel, ciñéndonos a aquellos que profundizan algo más. La cera caliente dilata el poro del folículo piloso y logra un corte muy pro- fundo del pelo. La cera fría es muy indicada para pieles con varicosidades que soportan mal el calor. Sin embargo, al no dilatar el poro, no es tan eficaz como la anterior. Después de la cera caliente se pueden aplicar depilatorios progresivos, ionizables o no. Estos están encaminados a debilitar (mediante un proceso químico) la parte del pelo que ha quedado en el folículo.

La depilación con láser, aunque dolorosa, es el método más eficaz. Sin embargo, ha de ser realizado por una persona muy experimentada y de forma perfecta. Consiste en llevar (a través de la luz láser) una descarga hasta el fondo del folículo piloso quemando así, el pelo y algo de la pared del propio folículo. La importancia de acertar con la profundidad de este último y su inclinación es primordial. La habilidad de la persona que lo practique tiene que garantizar que estas quemaduras no vayan a ser en ningún caso superficiales para que no dejen cicatrices visibles. Las sesiones han de ser de corta duración para permitir a la dermis recuperarse.

Para encontrar el método perfecto para depilarse hay que tener en cuenta muchos factores

La pinza de onda corta, a diferencia del láser no daña el folículo piloso, es por lo tanto un método totalmente indoloro y las sesiones pueden durar todo el tiempo que se precise hasta dejar la zona totalmente depilada. La depilación con pinza de onda corta consiste en aprehender el pelo (a 3 milímetros de la piel) con la pinza. A través de ésta le llega al pelo una onda corta que éste puede, de manera mecánica, retransmitir hasta su raíz provocando un efecto de cauterización de las células germinativas. Ionizando un depilatorio progresivo especial inmediatamente después se consigue frenar considerablemente la actividad de la papila y el ciclo del siguiente pelo.

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Los resultados así obtenidos tienen muy poco que envidiar a los del método del láser, presentando la ventaja de no correr ningún riesgo, aunque la persona que lo realizara no tuviera experiencia alguna. Sin embargo, el identificar correctamente cada tipo de pelo y el saber determinar el tiempo de exposición a la onda corta que necesita son garantía de eficacia. El no dañar en absoluto la dermis hace que la pinza de onda corta sea el método más inofensivo y permita así tratar las zonas más delicadas.

Para determinar el método adecuado hemos de tener en cuenta: la zona (su sensibilidad, su extensión, la gravedad de una posible cicatriz), el origen del problema (distribución normal o anormal, posibles causas hormonales, etc.), el pelo (grueso, fino, oscuro), el tiempo (tiempo disponible, resultado inmediato), y la repercusión psicológica que tenga en la persona. El elegir el tratamiento más idóneo para tratar cada problema y persona es una función importante que ha de desempeñar el esteticista con imparcialidad.

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